Tierra a la vista. Rafael Pérez
Frase milenaria de múltiples significados. Expresión del marino que no
pierde la esperanza de llegar a su destino y que Rafael Pérez eligió para dar a
conocer su trabajo en esta su nueva faceta de ceramista-orfebre. Tierra a la vista, y literalmente, así
es. La cerámica que viene de la tierra y que Pérez transforma en delicados
barcos, se presenta ante nuestros ojos, encantadora, lúdica, misteriosa,
portadora de numerosos recuerdos, de anécdotas que viajan a bordo, de mensajes esperando
ser entregados a sus destinatarios.
Dos pasiones resaltan de este laborioso trabajo que se ha convertido en
algo más allá de ser sólo un pasatiempo en noches de insomnio: la primera, su
pasión por los objetos y la segunda, su pasión por la técnica. Años de asiduo
“chacharero” y un ojo experimentado para seleccionar las piezas que forman
parte de una diversa y rica colección de antigüedades, así como su interés de
siempre por el arte de la cerámica, le dieron material más que suficiente para
iniciar su aventura de navegar por el mar de la creación.
La invitación a participar en una muestra relativa al carnaval por parte
de Nahum Zenil, -que le trajo a la mente los carros alegóricos en forma de
barco que desfilaban en el carnaval de su natal Mérida-, fue el detonante que le
dio el tema e inició con una prolífica producción de barcos, siempre sobre la
misma idea, pero con una infinita combinación de elementos, todos ellos
escogidos con un gusto que él considera kitch,
y que yo llamaría, si el término es válido, refinado-kitch.
Objetos elegidos o encontrados, registro de lugares visitados y que le han
dejado huella, Colombia, Guatemala, Canadá, Cuba, por decir los más recientes, integrándolos
siempre de manera exacta con el color elegido para el barco. El color, cuestión
aparte que da pie para hablar del amor por el oficio. Como alquimista,
experimenta, ensaya, obsesión y paciencia, error-prueba, vuelve a intentar
hasta lograr el color deseado, o por el contrario, celebra la combinación inesperada
o azarosa, consecuencia de afortunados accidentes resultado de factores como la
temperatura, el tiempo, el horno.
Un segundo tema abordado por él, los niños dioses coloniales que navegan
en barcas sobre olas con infinidad de tonos de azul, espirales que envuelven y
protegen las pequeñas figuras que nuevamente remiten al coleccionista cuidadoso,
amante de la historia del arte. Movimiento, fuerza y textura que nos llevan por
los mares imaginarios de su inquieta creatividad y que inevitablemente hacen
referencia a sus orígenes tan cercanos a las hermosas aguas del caribe.
Rafael Pérez seguirá viajando hacia puertos lejanos que le deparan
futuros inciertos, pero que seguramente brindarán obras que continuarán
deleitando los sentidos.
Julieta Susana Ruiz Montes
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